
El ritmo incesante de las lágrimas de lluvia acompañaban las ondulantes llamas de las velas que bailaban armoniosas frente a los cuerpos ardientes vestidos de sudor. Un aroma anaranjado invadía los espacios de una onírica significación.
El frío suelo se cubría indiferente con la piel de llama que contenía la pasión, mientras la llama de la chimenea observaba curiosa la escena.
La sencillez de las sensaciones cuando se desprenden de toda razón produjo el milagro de un amor prohibido, protegido por mentiras ocasionales que aguardaban al lado de la puerta de aquella cabaña familiar.
No muy lejos, la astuta culpa tiñó la noche de eternidad cuando llamó a la tragedia para que acudiera en socorro de un hombre engañado y señalara su sospechado viaje para que la muerte pase en su búsqueda. Un teléfono nunca fue contestado, una noticia llegó demasiado tarde y un lastimado amor se transformó en la sentencia de una vida de fuga.
La cabaña atestiguó en su contra cuando aquellos intrusos vestidos de blanco abrazaron su cuerpo estático con una extraña vestimenta que intentaba cortar el lazo de locura que aquella trágica noche había enlazado su mente al fantasma de una prohibida pasión.
Dejó afuera a la razón para fundirse en un falso amor y la perdió junto al verdadero.
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