
En el silencio de la soledad, los pensamientos insisten en visitarme, uno tras otro, naturales y familiares, se van presentando sin ceremonias, sin permisos. Preguntan, se responden, conversan, se agolpan y cuestionan. Traen consigo preocupaciones y teorías, y poco a poco, se van tiñiendo de sentimientos que convierten las palabras en golondrinas que vuelan sin límites a donde la imaginación les permite. De la armonía de la inspiración, surge el conflicto del papel, la decisión de la expresión manifestada. Ya no se puede ignorar esas voces que gritan fuertemente y discuten. Si la mano recurre a la tinta lo suficientemente a tiempo, la posesión es total y los trazos fluyen sin obstáculos. Simplemente queda dejarse llevar y disfrutar de un sueño que pronto quedará para compartirlo con el mundo.
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