
Veinte pasos los separaban. Veinte años desde el último encuentro. Él casi suegro; el otro, casi yerno. Los olvidos se amontonaban alrededor de la escena mientras los sentimientos revivían el pasado. Las canas hacían sombra sobre los ojos rodeados de sudor, cuatro ojos que se miraban inmutables. El décimo segundo se hizo eterno mientras las manos buscaban la venganza en sus cartucheras. El estruendo hizo justicia mientras la implícita presencia de ella se retiraba a descansar en paz.
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