
Piqueteras y escandalosas, ellas empujan sin descanso por el pasillo flexible de la garganta, mientras la voluntad las sujeta intentando disimular el motín. Una astuta y solitaria gota descubre que puede deslizarse desde los ojos, limpiamente, y pasa por la comisura de los labios dejando un rastro salado a su paso.
Seguir leyendo: La Huida
No hay comentarios:
Publicar un comentario